Es inevitable que lea y relea cada palabra del texto enmarcado en azul, que las tortugas corran a la velocidad de los segundos, que los segundos no corran como debieran, que cada día sea más largo porque esperan ser más cortos Es inevitable que quiera limpiar el polvo de mi azotea, que me gusten los libros de Roal Dahl, que me guste su fábrica de chocolate, su melocotón gigante, sus brujas y su ascensor de cristal. Es inevitable que no sepa cuando serán los exámenes que interesan, que sepa los propios, que mire cada minuto la barra de inicio. Es inevitable que sonría, que me abrigue, que tenga más cosas que contar que ayer. Es inevitable.
Y mientras tanto, yo aquí sigo, inevitablemente, en mi azotea.

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