Es inevitable que las tortugas corran, que corran a su ritmo, que su ritmo sea el mejor. Es inevitable que cante canciones mandadas en mensajes, que los sueños sean nuevos, que sean bonitos. Es inevitable que la azotea esté de fiesta, que se parezca a una sala de estudio, que a mitad de mes quiera una fiesta ultravioleta. Es inevitable que quiera ver la película de los saltos, que quiera leer guiones, que me gusten los ataques kamikazes. Es inevitable que quiera saltarme la señal de no disponible, que quiera salir de la ciudad, que quiera ir a un pueblo. Es inevitable que vuelva a buscar trabajo, que el trabajo que quiero hacer tenga que esperar, que tendré toda la vida para intentar hacerlo. Es inevitable que tenga que buscar nuevas formas de comunicación, que esperar sea algo divertido, que nadie me gane en paciencia, que las estrellas sigan brillando a unos kilómetros de Madrid, que quiera volver a cogerlas, que quiera ir a la fiesta de la luna llena. Es inevitable que haya quinta parte, que los textos crezcan, que haya descubierto los libros perfectos, que haya mucho cine por ver, que haya muchas cosas por hacer. Es inevitable.
Y mientras tanto, yo aquí sigo, inevitablemente, en mi azotea.


No te cortes. Habla