Tres días para la arena y el mar. Para una playa que ya no tendrá fuegos artificiales, que ya no tendrá tres kilómetros de sonrisa por la mañana y por la noche. No tendrá toallas prestadas, ni alegrías por noticias que esperas.
Tres días para sol y alcohol en tapones recordando para sonreir. Andando para buscar lo que ya no se encuentra, para no destruir jamas lo que tuve.
Tres días que, dicen, recordaremos. Ya veremos.
Y mientras tanto, contando cuentos, desde mi azotea.



Que fuerte! os tienen linkados a ti y Alfonso aqui: http://periodistaglobal.blogspot.com/ que a su vez le tenia yo linkado en mi blogroll… Vaya coincidencias.