El abuelo dormía la siesta y Pablo, el segundo de sus nietos, no le quitaba ojo de encima. Estaba sentado en la cama, con las piernas cruzadas y la cabeza sobre las manos. Al final también se durmió, aunque su siesta fue más corta, porque cuando abrió los ojos, el abuelo seguía echado y tranquilo. Para no dormirse otra vez, Pablo decidió preparar un juego y quedarse de pie encima de la cama. Cogió la funda de la almohada de la abuela, se la anudó al cuello como si fuera una capa y allí se quedó plantado. Cuando el abuelo despertó, a Pablo sólo hizo falta una frase para que sonriera:
-Capitán, ¿Volamos?
Y mientras tanto, yo aquí sigo, dedicándoselo a un superheroe, desde mi azotea.


Pues ale, otro marco y una caja más grande… gracias otra vez