Me quedan sólo unos días de estar en La Orilla, esto se acaba el viernes y de ahí pasaré al programa de Julia Otero. Este debería ser el momento de hablar de la gente del programa, pero de verdad no me apetece porque no me apetece que acabe. Me lo he pasado realmente bien, y he aprendido de radio todo y más que en cuatro años de carrera, y lo siento por el que se de por aludido.
Cuando me dijeron a que programa me iba al acabar Gomaespuma, no tenía ni idea de quien era Luján Argüelles, no había oído nunca A ver si te atreves y nadie me había contado como era la gente. De ese atolladero se encargó de sacarme Gon, fanático numero dos de Luján y de su tropa, que contaba maravillas de ella. Por mi parte me informe de quien era la chica esta y me convencí de que era buena en esto de la radio. Me equivoqué, era mejor.
Un tarde que todo el equipo de Gomaespuma ya se había ido a sus respectivos nidos y yo me había quedado a terminar unas gestiones de producción, se me acerco “La jefa”, sin conocerla de nada por cierto, y se me presentó, me contó así por encima de que iba el programa y le convenció la sección de libros que le propuse. De lujo, en unos días nos poníamos a ello.
La gente con la que he trabajado se ha portado realmente bien con este becario-de-mierda como diría una que yo me sé. Aquí todos trabajaban para que cada tarde saliera un programa de lujo, para que los de arriba se pararan a pensar el porqué de fichar a Julia Otero teniendo en plantilla un equipo como el de La Orilla.
Gema Ruiz era una becaria el año pasado, ahora hacía de “mamá” de los becarios, de documentalista, correctora, productora, voz de los oyentes en el programa, cantante de karaoke y todo aquello que se pueda hacer. Llega la primera, a las nueve de la mañana, come en diez minutos a eso de las tres y se va a las nueve, nueve y media después de hacer una sección para el A ver si te atreves, eso si, por su cara, parece que nunca se cansa, aunque cuando se pasa de rosca, da la sensación de que se ha tomado unas rulas y no deja de reírse por nada durante todo el día. Es la niña bonita del equipo, normal.
Marta, la productora titular, la mayor parte del tiempo ha estado de vacaciones, pero mientras ha estado, me ha enseñado como se debe cerrar una entrevista, incluso logró irse de vacaciones habiéndome visto cerrar una. Increíble pero cierto.
Javier Peña no duerme, hace radio. Es desde hace unos años la mano derecha de Luján en A ver si te atreves. En verano se encarga él de hacer pasar un buen rato a los oyentes de la madrugada, pero no contento con eso, viene para hacer las dos primeras horas de La Orilla para hablar un poco de actualidad. Un fenómeno al que le falta tener su propio programa.
Por último Raul, se encargó en un principio de toda la edición de La Orilla, buscó todas las músicas y estuvo pendiente de todo lo que se podía mejorar. Llega al punto de llamar al estudio cuando algo sale diferente a como debería para ver si puede echar un cable.
Los becarios, éramos cinco, estaban conmigo Elisabeth, Paloma, Lucía y Cesar Santiago. Mención aparte merece Pedro Mardones, que aunque trabajaba con Herrera y en A ver si te atreves, es un fenómeno, el “préfer” de entre los becarios, título ganado a pulso. Un crack de los pies a la cabeza, sin duda.
Del equipo pasamos a los colaboradores, los que llenan las dos últimas horas del programa con todo tipo de temas e historias, además de ser unos fenómenos del karaoke que cada tarde propone Juanjo con canciones de veranos pasados.
Arturo Tejerina empieza a hablar y no para. En el programa parece superficial además de hombre anuncio, pero es todo un filósofo en ciernes. De conversación fácil y trato mejor, “El Teje” es un buenazo que trata a todos los que tiene cerca como a cualquiera le gustaría que le trataran.
De María Díaz cada día se puede aprender algo. Experta en perfiles y obituarios, es de esa gente que (como no le gusta que digan a Karmele) vale más por lo que calla que por lo que dice.
Karmele Izaguirre es otra cosa, siempre riendo y sonriendo. Si pones el programa de seis a ocho, cada poco tiempo estarás escuchando una de esas risas contagiosas, no lo dudes, es la suya, la chica que nos pone al día y al minuto de las noticias del corasao.
Noel Rojas es el balserito cubano. Todo un descubrimiento. Ha estado mucho tiempo fuera y de vacaciones, pero este estilista y “Personal Shoper” es más bueno que el pan, noble como pocos y un tío al que hay que conocer no sólo como el balserito de la radio. Cuando te vas de cañas con él, te das cuenta de lo que vale.
Ya sólo me queda una persona. La jefa, Luján Argüelles, una tía que con veinticuatro años la llamó Herrera, sin conocerla, para que hiciera su programa en verano. Toma nota. Este verano la he visto hacer las cuatro horas de programa con una gripe del quince sin que se note. Ale, sigue apuntando.
Una fenómeno, que a todos los becarios nos ha tratado muy bien, nos ha enseñado lo que hay en este mundo de la radio como nos lo vamos a encontrar cuando dejemos de ser eso, becarios-de-mierda. Que echa broncas por cosas que has hecho mal en el curro, si, por supuesto, pero que le guste el trabajo bien hecho es lo que debería gustarle a todos los directores de programa de la casa. Allá ellos con sus programas si les da igual como quede el programa que dirigen, ella se lo toma en serio.
Lleva mucho tiempo en esto, aunque por el DNI parece mentira, y cuando se pone a dar consejos, si te paras a oírlos, apúntatelos, que de esto sabe un rato.
No voy a mentir, ella me ha dado una oportunidad que ni me imaginaba cuando llegué a hacer prácticas y que no asimilo todavía. Estar dos horas en antena todos los días. Lo que empezó como una sección semanal, pasó a ser diaria por arte de birlibirloque y por una serie de carambolas inexplicables. Yo he intentado aprovechar al máximo esta oportunidad, tanto en antena, como en el trabajo de redacción, he intentado hacer las cosas lo mejor que he podido y siempre con el trabajo y la verdad por delante, porque en el fondo, en este curro, no merece la pena mentir.
Por lo menos, espero haber puesto mi granito de arena correspondiente para que La Orilla, sea un poco más grande (si es que se puede). Gracias de verdad a todo el equipo de La Orilla. Sois grandes, y mucho.
Y mientras tanto, aqui seguiré, escuchandoles en mi azotea.
No te cortes. Habla