Archivos para la Categoría 'Pequeños placeres antes de subir'

Volver a nuestra tienda, a nuestro patio

Joel: Hoy no he ido a trabajar. He cogido el tren a Montauk. No se porqué, no soy una persona impulsiva.

Change your heart
Look around you
Change your heart
It will astound you
I need your lovin’
Like the sunshine

Everybody’s gotta learn sometime
Everybody’s gotta learn sometime
Everybody’s gotta learn sometime

Change your heart
Look around you
Change your heart
Will astound you
I need your lovin’
Like the sunshine

Everybody’s gotta learn sometime
Everybody’s gotta learn sometime
Everybody’s gotta learn sometime

I need your lovin’
Like the sunshine

Everybody’s gotta learn sometime

Joel: Vale
Clamentine: Vale

Y mientras tanto aquí sigo, sin olvidarme de Montauk jamás, desde mi azotea.

Muac

Este post está dedicado principalmente a mi madre, que como no podía ser de otra manera, no es que sea la mejor, es que juega en otra liga. Está por encima.

Además, se que hay alguien, a quien Fito dedicó una canción al color de sus ojos, que le gustará y mucho, y también es para ella, como siempre ha sido para ella. Para su madre y para todas las madres del mundo, que nos soportan con paciencia, nos miran con otros ojos, nos aguantan la tontería, excusan nuestro pavo tardío y encima nos dan de comer, de cenar, nos arropan cuando estamos malos, nos echan la bronca y casi sufren más que nosotros.

También va esto para la madre de Rocío, Álvaro y Gonzalo, para la madre de María, para la madre de Teresa y Andrés. Por extensión para todas las nuevas madres que aún tiran de manual y de revistas para primerizos.

 Un aplauso fuerte para los creativos que hacen la publicidad de Coca-Cola y me quito el sombrero.

Me recuerda a este otro con el que también se salieron los chicos de Coca-Cola:

Y mientras tanto aquí sigo, gritando “¡¡Viva la madre que me parió!!” desde mi azotea.

Me gusta mi carrera…

Para los profesores.

 5 w’s del periodismo

Y mientras tanto yo aquí sigo como siempre, en mi azotea.

Lo que ayer veía desde mi azotea

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Y mientras tanto yo aquí sigo, como siempre en mi azotea.

Formas de decir las cosas

Hay mil maneras de decir las cosas, las hay normales, buenas, malas regulares, incalificables y veces en las que es mejor callarse para evitar decir tonterías. Yo alguna vez he dicho muchas y muy seguidas.

Por eso a veces es bueno pararse, quedarse un rato a pensar solo, y yo lo tengo fácil en mi azotea y plantearse decir cosas buenas y bonitas, y como es navidad, aprovechar y decir la verdad. Espero que cuarenta y siete plantas más abajo le den al play.

Y mientras tanto, en navidad tambien, sigo en mi azotea.

Un partido para la historia

Me he animado con el post anterior. Aquí está: 

23  de diciembre de 1983. Miguel Muñoz con el mando uno. Buyo, Goikoetxea, Camacho, Maceda, Señor, Víctor Muñoz, Gordillo, Sarabia, Carrasco, Santillana, Rincón y Marcos Alonso.

Los heroes.

Y mientras tanto, me flipo en mi azotea.

La ladrona de libros

la ladrona de libros

Quedate bien con el título. Quedate también con el autor. Estás viendo la portada del libro del año, uno de los mejores regalos que puedes hacer estas navidades o cuando sea, no caduca, no prescribe. Hacía mucho que no leía un libro que me sorprendiera tanto, en el que me sentía cerca de los personajes, que volvería a leer encantado y que no quería acabar. Quería (y no hablo en broma) que me durara años la lectura.

Para el que me oyó alguna vez recomendar libros en la radio este verano tiene todas las papeletas para acertar en algo del argumento: niños y nazis.

Pero no es simplemente eso, es literatura para cualquiera, de niños y mayores, mujeres y hombres, de gente que ha leido mucho y gente que no. Es una preciosidad y no me da vergüenza decirlo. Es el quinto libro de Markus Zusak, el primero editado fuera de Australia y un acierto de Lumen el comprar la edición para España y un acierto de todas las editoriales que lo han comprado por todo el mundo.

Ahora te voy a decir un poco de que va y luego si quieres te lo compras, pero ya te aviso. No te vas a equivocar, en serio.

Yo lo recibí este verano, fui tonto y no me animé a cogerlo. Error. Cuando salió a la venta en octubre empecé y mi azotea cambió.

En la contraportada cuentan esto:

Érase una vez un pueblo donde las noches eras largas y la muerte contaba su propia historia.

En el pueblo vivía una niña que quería leer, un hombre que tocaba el acordeón y un joven judío que escribía cuentos hermosos para escapar del horror de la guerra.

Al cabo de un tiempo, la niña se convirtió en una ladrona que robaba libros y regalaba palabras.

Con estas palabras se escribió una historia hermosa y cruel que ahora ya es una novela inovidable.

Ahora me toca a mi:

Es la historia de Liesel, la ladrona de libros.

Es la historia de sus padres adoptivos. Él, pintor y músico. Ella lavandera.

Es la historia de un boxeador judío con los cuentos como via de escape.

Es la historia de Rudy, un niño alemán que quiere ser Jesse Owens.

Es la historia de quien cuenta la historia de Liesel, La Muerte.

Y ahora hablamos de ella de La Muerte, para que no te asustes. No es esa muerte con aspecto de calavera, con guadaña y túnica con capucha. Para nada. La muerte tiene sentimientos, le gustan las personas aunque no entiende a la mayoría. Le cae bien Rudy, admira a quien lucha por no acompañarle. Tiene predilección por Liesel y coge con cariño las almas que va recogiendo por todos los frentes. Es La Muerte como nunca la habíamos imaginado.

muerte y liesel

Poco más tengo que decir, tú sabrás que haces, pero si lo lees y te gusta me lo dices. Si es que no, me lo dices también, pero dime porqué por favor. Y si sabes de un libro que te haya hecho sentir como este a mi, me lo dices también. Gracias

Y ya sabes que mientras tanto, estoy, como siempre, en mi azotea.

Mención de honor [como mínimo]

Como ya se han dado los gallifantes de oro del último concurso de videos, nada tengo que hacer salvo felicitar al campeón, pero me saltaré el protocolo y os pondré un video que bien podía haber grabado desde mi azotea, de una canción que bien podía haber escrito yo en estos días inciertos en los que vivir es un arte de un tío que ewn podría haberse llamado como yo, pero que tuvo que conformarse con Gary Jules. Lo sentimos muchacho, gracias por concursar. Esto podía haber sido un gran vencedor, pero ya se sabe que el que llega tarde ni oye misa ni come carne, una pena, porque la canción también es de diez mínimo.

Y mientras tanto yo aquí sigo, in a mad world, en mi azotea

El capricho de tocar

¿Has ido alguna vez al parque del Capricho? Si as ido, vuelve después de leer esto, si la respuesta es no, está en Madrid y la línea cinco de metro lega hasta las puertas. Haz como en el caso anterior, acaba de leer esto y acércate. El nombre le viene ni que pintado, es un paraíso para pintores como aquel señor de pelo blanco y pipa que todas las veces que he ido me he encontrado pintando algún rincón fabuloso del parque con acuarelas, con lápices, con pluma o con lo que sea. Ahí se sienta en su silla plegable junto a su material de dibujo y toca el parque con el pincel para pasarlo a un lienzo, un cuaderno o una hija suelta.

No no sé pintar como ese señor, tampoco fumar en pipa, aunque cuando sea mayor fumaré como él, ni se tocar un parque para convertirlo en arte, pero al menos, lo puedo intentar. Puedo empaparme de cada pedazo de este parque sólo con el tacto. Puedo tocar la rugosa piel de cada árbol, los pequeños y los grandes, los que todavía son brotes y los que imponen respeto ya de lejos.

Puedo tocar el agua que corre sin prisa pero sin pausa. Puedo tocar el césped verde que todo lo cubre, salpicado por castañas y hojas que caen de los árboles que ya he tocado. Puedo tocar el aire que todo lo cubre, puedo tocar la felicidad de quien ahí pasea, descansa, mira, escucha, toca, siente y pinta. Puedo tocar el Capricho, puedo tocar Madrid, puedo tocar el mundo.

Y mientras tanto, aquí sigo, con el capricho de saltar de mi azotea

Los sueños que no oyen

Esta noche he tenido un sueño rarísimo. No oía nada. Puedes pensar vale y qué. Vale y qué, vale y qué… a ver si tu no sufrirías como yo esta noche. Por primera vez he agradecido el despertador a las siete en punto de la mañana. No oír no sólo significa ahorrarte la molestia de tener que aguantar el tráfico de cada mañana en Madrid, significa perderse muchas cosas.

A mi lado, en el autobús que cogía en sueños, flotaban conversaciones interesantísimas que no podía escuchar, no había pajarillos en la plaza de Chamberí, no sonaban cascabeles al entrar en la panadería, en el madrileño bar de mi madrileño y sordo sueño no he podido oír la campanilla de las propinas, la próxima vez me la ahorro. Tampoco las campanas de la Milagrosa dando las en punto. Tampoco mi portero me ha dado los buenos días, o por o menos yo no le he oído.

No oía el móvil y he perdido una oferta de trabajo estupenda y la oportunidad de escuchar el tono-politono nuevo que le he puesto antes de irme a dormir. En la Puerta del Sol no se oía bullicio ni gente vendiendo oro, plata y hojalata, ni gente pregonando que el gobierno miente o que alguien le ha robado una idea y se ha hecho rico a su costa. Estos últimos al menos llevaban pancartas para que los sordos nos enteráramos de sus quejas.

En la Castellana no se oía correr el agua de las fuentes, ni a los niños jugando a la vista de sus madres. El viento de Madrid era mudo para mi y yo era sordo para el viento, pero a él le daba igual y seguía corriendo. No oía al afilador, no oía el acordeón desafinado en apariencia de la plaza Mayor, ni al vendedor de cupones que gritaba mudo apoyado en la puerta de un mercado que era silencioso para mi.

No oía nada, no podía oír ni el ansiado Si que espero desde hace más de cien días y que no llega y si ha llegado mientras soñaba no lo he notado y más me hubiera valido haber seguido sin dormir otros cien días más.

Y mientras tanto sigo completamente sordo en mi azotea.

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Días en los que aquí sigo...

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Las escrituras de la azotea

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