El eslabón roto

Un cuento al que tengo mucho cariño, no porque este muy bien escrito, que no lo está, sino por una historia que surgió en un taburete blanco con manchas negras, mucho después de haberlo escrito. Que os guste.

Desde que nací tuve todo lo que se puede querer cuando se es niño, unos magníficos padres, una buena casa y unos maravillosos amigos en el colegio. Lo que no sabía aún era que rompiendo uno de los estimados eslabones de la cadena, se te podía caer el mundo encima. Después de treinta años todavía recuerdo con curiosa perfección todo lo acontecido en aquellos aciagos días que hicieron temblar los cimientos de mi vida.

Pueden creer ustedes que ser hijo único es sinonimo de mimado pero en mi caso, créanme, no fue así y nunca se lo agradeceré bastante a mis padres. Aunque ellos me inculcaron caracter, la vida, como se verá, es una maestra brutal. Estos son los hechos a los que me refiero y espero y deseo que se den cuenta de mi desesperación en aquellos momentos de absoluta tristeza.

Llegué a la puerta del colegio al acabar las clases, donde debería estar esperandome mi siempre queridísima madre con su maravillosa e inconfundible sonrisa, pero allí no estaba. Busqué y busqué, pero no apareció. Cuando las primeras lágrimas comenzaban a empañarme los ojos, oí una voz que mellamaba. Me di la vuelta y encontré a mi tío Carlos. Nunca olvidaré su redonda cara desfigurada por el llanto. Le pregunté por qué lloraba. No me contesto. Anduvo todo el camino de vuelta a casa intentando hacerme reir para que olvidara lo sucedido a la salida de la escuela, aunque más bien parecía que era para consolar su amargura.

Por fin llegué a casa. Mi madre tampoco estaba allí. mi desconcierto iba en aumento, pero fue a eso de las siete cuando ya no pude contener mis sollozos al ver como mi tío rompía a llorar después de hablar brevemente por telefono. Media hora después apareció mi madre en casa y, cuando ya me disponía a gritar de alegría, descubrí que su bello rostro tenía un aspecto idéntico al que ofrecía su hermano. En mi vida he vuelto a ver tormento semejante. A la hora de la cena no tenía hambre, se me habían quitado las ganas de todo después de lo ocurrido. Cuando me iba a ir a la cama, recorde que mi padre hacía rato que debía haber llegado, como todas las noches, para contarme ese cuento que tanto me gustaba. Pregunté a mi madre por él. Papá jamás volvería.

Y mientras tanto, sigo a la espera en mi azotea

1 Response to “El eslabón roto”


  1. 1 Gon 18 julio 2007 a las 4:33 pm

    Joder macho. Hoy no era el dia para darme este regalo.


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