Archivo para 20 septiembre 2010

Pez

Mi mundo se reduce casi tanto como mi memoria. Todo lo que puedo ver está fuera de mi alcance porque vivo en una pecera que lo único que contiene es agua y a mí, claro. Veo una ventana siempre cerrada con una cortina comprada en Ikea.
Mi mundo se reduce casi tanto como mi memoria. No tengo ni idea porque el que me compro se molestó en ir hasta la tienda, elegirme entre cientos de peces de colores y llevarme a su casa. Y no lo entiendo por la sencilla razón de que sólo me hace caso para tirarme comida en el agua casi sin mirarme. Un tipo raro el que me compró.
Mi mundo se reduce casi tanto como mi memoria. Acaba de llegar una visita. Me ha mirado nada más entrar y ha levantado una ceja como si le sorprendiera verme. Del bolsillo interior del abrigo ha sacado un arma con silenciador. El que me compró dormía frente a la televisión. El hombre de la ceja y el arma ha realizado dos disparos. Uno en la cabeza y otro en el corazón.
Mi mundo se reduce casi tanto como mi memoria. Hay policía en la habitación, el que parece que corta el pescado (gran frase oída de boca de un pez) dice algo así como que soy el único testigo. Lástima que no haya visto nada.
Y mientras tanto, yo aquí sigo como siempre, en mi azotea.

Pólvora mojada

Salgo de casa con un constipado mental que me desata los cordones. Muchas baldosas en mi camino y los semáforos siempre en rojo. Mi objetivo era llegar a los fuegos artificiales que me había imaginado como lo mejor que le puede pasar a mi cuello hoy, harto de mirar hacia abajo.
El paseo era de lo más sencillo salvo aquel encorbatado suizo que por enésima vez le habían robado el pasaporte justo un día que la embajada cerraba la atención al público. Cambio monedas por agradecimientos y a otra cosa, que un perro gigante me sigue con una mirada que me inspira cero confianza.
Veo que los árboles me han abierto paso quedándose junto a la calzada así que corro tanto como puedo con el animal pisándome los talones. Sudores fríos y un empujon mal dado a la pobre señora que carga con las bolsas de la compra de ayer. Tras varias manzanas y un pequeño accidente de tráfico doy esquinazo al perro salvaje. Aunque a toro pasado empiezo a dudar si era aquel coyote que me miró una vez.
Una llamada y deja de llover en mi cabeza. Los nervios me han hecho sudar más que en la carrera de hace un rato. Tranquilízate me digo, sabes que vales para esto.
Pasa un autobús y se me olvida que lo tengo que coger. Siete minutos para el siguiente, tiempo para liar un pitillo, fumármelo y sacar el euro del viaje. Última parada es mi destino así que me bajo y llego hasta unos fuegos artificiales blancos y morados que aunque el packaging sea chulo tienen pinta de no tener ganas de lucir, así que toca hacer caso del proverbio chino que me acabo de inventar mentalmente y seguir sabiendo que no es lo normal.
Por un momento me cruzo con una sonrisa que me gusta casi tanto como la que vi ayer. Paseo, bambas, teléfono y es hora de volver a rehacer las baldosas que pisé. Ojos grandes y ojos tristes que viajan hacia adelante mientras mi cabeza se ha vuelto a resfriar.
Y yo mientras tanto hidratandome los pies, en mi azotea.

El Sello

el sello

Agotamiento neurótico con predisposición a molestar

Gente que ha subido

  • 161,230 digresores

Placas-Homenaje en mi azotea

picotas

mosby

lugarteniente mejorando lo presente

lacasitos

Días en los que aquí sigo…

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