La muchachada de Pulp Fiction

No tengo mucho tiempo. Demasiados trabajos. Aún así toca escribir así que os pongo algo muy grande. La muchachada nos descubre el porqué del montaje de Pulp Fiction mientras hacen su propia versión. No digo más que no debería estar aquí.

Y mientras tanto sigo currando como siempre, en mi azotea.

Popurrí de cosas

Hoy tengo muchas cosas que contar en los bolsillos aunque poco tiempo, así que con cuentagotas, como la vida.

Ayer no estaba por la noche con mucho ánimo. Perdió el Barça. Para una vez que juegan en condiciones y palman. Una pena. No diré más porque tampoco queda mucho por contar, y menos despues de que lo cuente este fenomeno de periodista.

Total que llegué a casa y estuve trabajando en un favor que me encantó hacer. Me lo pasé bien, sonreí un rato y hablé otro rato. ¿Se puede pedir más? La respuesta es no, pero mira por donde que me llevé a casa un regalo a cambio. El principio de un hipotético guión cinematográfico de La sombra del viento. Un gustazo de lectura. Ojalá salgan guionistas de ese calibre todos los días en España, así no nos encontraríamos las tristes y malas adaptaciones que se hacen aquí.

De verdad, aunque es sólo un trabajo hecho rápido y tarde, el que tiene talento lo tiene siempre.

Más cosas que llevo en los bolsillos. El fenómeno de Gon habla de un peliculazo. A mi me atrajo la trama hace mucho. Viendola me sorprendió. Bien llevada y buenos actores. Comparto su opinión. No digo yo que vaya a pasar a la historia, pero yo me lo pasé bien y eso era lo único que le pedía.

Y para terminar un video que me pega. ¿Me pega? Te pega.

Es el nuevo anuncio de Tónica Schweppes con Hugh Laurie, un fenómeno. Pongo las partes que he encontrado por ahí:

La primera.

La segunda.

La tercera.

Y mientras tanto, aquí sigo como siempre, en mi azotea.

Viví diez años en los noventa, quizás más…

Yo cada día flipo un poco más.

Y mientras tanto ya recorté hasta las 150 en mi azotea.

Pasarás por allí

Lo pillé de casualidad, pero me moló la idea. Tanto que estaría bien que te pasaras por ahí a la que bajas. Como siempre desde la imagen de presentacion y desde la columna de la derecha. Sin más, otro amigo más al que visitar de vez en cuando.

Y mientras tanto yo aquí sigo, como siempre, en mi azotea.

Tesoros con páginas

Ayer tenía que haber hecho algo sobre libros. Era el día indicado. No lo hice y me dio pena, pero mientras yo pensaba que se me había pasado el día, alguien estaba ideando un mundo mejor, esta vez recomendando un libro. Hice un comentario y me animé a escribir hoy, aunque sea tarde como siempre.

Comparto opinión con RMT, no creo que haya ningún libro que me haya cambiado la vida, pero si que la cambió una librería. Allí empecé a ser libre, empecé a aprender, empecé mi vida, empecé a tener suerte. Es por eso y por muchas cosas más que los libros para mi son especiales.

No me voy a poner ahora con críticas exhaustivas, no es el momento, pero lo que sí diré algunos libros que no fallan, que a mi no me fallaron.

El primer gran libro que leí fue en cuarto o en tercero de EGB. Me flipo, me lo recomendó Don Ramón, “El Loco”, es un pedazo de libro que hay que leer se tenga la edad que se tenga. La isla misteriosa, de Julio Verne.

Hay un libro que me hizo subir a una azotea hace poco más de un año. Lo leí una vez y como si nada, lo leí la segunda y me pareció espectacular. Es un libro sin término medio, o te encanta o lo odias. Es El Guardián entre el centeno, de J. D. Salinger.

 

Hay un cuento, pequeño y precioso que me gustó regalar porque es una pequeña joya. Para todos los que les gusten los cuentos. Ya he hablado de él alguna vez, es Kafka y la muñeca viajera, de Jordi Serra i Fabra.

 

Otro libro del que me enamoré perdidamente está dicho y redicho desde esta azotea. Precioso y único. La ladrona de Libros, de Markus Zusak.

 

Viajando al pasado de nuevo, me voy hasta Sudáfrica para un libro que se cargaron al adaptarlo al cine, que está descatalogado y que si alguien me lo regala, me hará llorar. La potencia de uno, de Bryce Courtenay.

 

Me dejo muchos más, pero esto podría ser un no parar. Ahora lo que debes hacer es comentar y recomendar, que como diría mi sobrina Rocío cuando era una canija “Hay que compartir”.

Y mientras tanto yo aquí sigo, leyendo como siempre, en mi azotea.

 

La playa

Tres días para la arena y el mar. Para una playa que ya no tendrá fuegos artificiales, que ya no tendrá tres kilómetros de sonrisa por la mañana y por la noche. No tendrá toallas prestadas, ni alegrías por noticias que esperas.

Tres días para  sol y alcohol en tapones recordando para sonreir. Andando para buscar lo que ya no se encuentra, para no destruir jamas lo que tuve.

Tres días que, dicen, recordaremos. Ya veremos.

Y mientras tanto, contando cuentos, desde mi azotea.

Los vascos y el Nuevo Mundo

Mucho tiempo antes de que McGuiver se enfrentara a un pueblo entero de vascos para salvar a uno de los muchos turistas norteamericanos que son secuestrados mientras este pueblo de los Pirineos lucha contra franceses y españoles…

Incluso antes de que una familia vasca quisiera coger el Titanic, dejando su tierra de vinos para ir a California…

Y después de esto, lo mejor. La apoteosis.

Los vascos fueron a la conquista del Oeste, a luchar contra los indios a gritos al más puro estilo ”Patxiiii” de Euskaltel y a saltos como si descendieran de las cabras. Yo lo dejo aquí y no digo más porque me meo de risa y tengo que ir al baño. Gracias a Alfonso Z. (ex-Abisinia).

Y mientras tanto, yo aquí sigo, como de costumbre, en la azotea.

Promesas que no valen nada

Estaba por aquí escuchando un poco de música y me acabo de dar cuenta de que, joder, se puede decir delante de más gente, más alto, lo que sea. Pero más claro, creo que no se puede decir. Consecuencia: alegría-bajón. Es lo que tiene. Disfruta, que es lo que te toca.

Prometo no mandar más cartas y no pasar por aquí
Prometo no llamarte más y ni inventar ni mentir
Prometo no seguir viviendo así, prometo no pensar en tí
Prometo dedicarme solamente a mí.

Prometo que a partir de ahora lucharé por cambiar
Prometo que no me verás, que no voy a molestar
Sabes que lo digo de verdad, que no voy a fallarte en nada
Que tengo mucha fuerza de voluntad, que no te fallaré en nada
Prometo no seguir así, prometo que no voy a pensar en ti
Prometo dedicarme solamente a mí.

Y el aire que me sobre alrededor
Y el tiempo que se quede en nada
Nunca más escucharé tu voz
Energía nunca liberada
Promesas que se perderán en estas cuatro paredes
Como lágrimas en la lluvia se irán.

Siento que no tengo sueño y no puedo descansar
Invento más de mil palabras y busco una verdad
Intento que suenen de forma genial
Intento que no digan nada
Nada siempre es toda la verdad
Nada significa nada
Prometo las promesas que me hice a mí
Prometo pensar en tí
Ahora prometo solo pensar en tí.

Y hago que suenen de forma genial
Prometo que no dicen nada
Nada siempre es toda la verdad
Nada significa nada
Palabras que no dicen nada en estas cuatro paredes
Promesas que no valen nada, nada, nada, nada.

Y el aire que me sobre alrededor
Y el tiempo que se quede en nada
Nunca más escucharé tu voz
Energía nunca liberada
Promesas que se perderán en estas cuatro paredes
Como lágrimas en la lluvía se irán.

Y mientras tanto, yo aquí sigo, no se como, en mi azotea.

Unas cuantas cosas

Primero. Acabo de terminar de ver la final de La Copa. Por favor que a alguien de la televisión se le ocurra de una vez desterrar a J. J. Santos de nuestra vista por favor. El tío es malo con avaricia, todo para él. No hay quien le soporte y encima no tiene ni la más remota idea de fútbol. Que asco, coño.

Más cosas. El otro día empezó “Muchachada Nui season tchu“. Imprescindible. En los sitios por los que me paso ya lo comentaban, así que no voy a meterme así a saco en el tema. Sólo una cosa, el Celebrity de esta semana. No ha sido de los mejores pero era Tarantino, y eso es razón suficiente para que esté en mi azotea. (Atentos al momento guión):

Más. No tengo ni idea si habitualmente os pasáis, pero por si la respuesta es no, yo os lo recuerdo. Ahí a vuestra derecha, hay un enlace al Fotolog del Doctor Osmond. Yo lo dejo caer. El perro es bueno, tanto que yo de mayor quiero escribir como él. A saber las movidas que piensa, pero yo pagaría por su ingenio. Completamente en serio lo digo. Para que no os lo perdáis.

Otro. Ya está por hoy.

Y mientras tanto y o aquí sigo, como siempre, en mi azotea.

 

Sombra de un nuevo mundo

Vivía agazapada en su cueva, pegada unas veces a la pared otras al suelo, esperando a que volviera el amo para pegarse a sus pies, para volver a ser lo que era. Sabía que tarde o temprano tendría que regresar por un camino o por otro. Mientras como sombra que era no podía hacer mucho, solo observar ese nuevo mundo que tan poco le gustaba y que en muy poco se parecía al que siempre había conocido.

En la obra de teatro era la sombra la que escapaba del amo hasta un cajón de la cómoda, pero en esta historia era al revés. La sombra dedicaba los días a mirar de refilón las estrellas. A lo lejos, siempre estaba el gran navío que el capitán llevaba con mano firme y segura mientras miraba sonriente a su tripulación. Una de las cosas que le aliviaba cada despertar a la sombra era que a la puerta de la cueva siguiera el árbol pintado de tiza. Era una alegría que a veces se tornaba en agobio por pensar que quizá al día siguiente no estuviera donde siempre había estado.

La sombra necesitaba cada día más al amo, que seguía a las puertas de un reino cerrado para siempre donde los insectos vestían de superhéroes y los golpes eran conocidos pero certeros y dolorosos. La sombra no entendía que aún siguiera allí. Había dolores de tripa, caprichos y días rojos. Para el amo debía ser perfecto un sitio así cuando todavía no se había dado cuenta de que su sombra no estaba. Efectivamente lo era.

Seguía en la cueva frente a la playa de fuegos artificiales constantes que a duras penas podía ya ver. Seguía en la cueva con billetes caducados de un viaje a lo más remoto de la India en un tren que se pierde. Seguía queriendo cruzar el universo y que a nadie le dolieran los ojos. Aunque era sombra recordaba como si fuera ayer el sabor de las ensaladas. Ensaladas para chicas del restaurante de las películas, los libros y el actor de imprvisación.

Las canciones de fondo temblaban en sus ojos de sombra y los sueños de antaño se diluían poco a poco encerrados en una caja naranja. La vida era fría en la cueva. Pasaba gente envidiada, gente que hablaba sin escuchar. En la pared faltaba una camiseta de cartón que había volado como todo. Hacia dentro.

Vivía con miedo por ser todos los días viernes y ningún viernes fin de semana. El domingo estaba muy lejos, tanto que agobiaba tener que esperar hasta ese día al amo. Sabía que no podía ser así. Sabía que se abrirían de nuevo las puertas del reino, que vendría a buscarla, que la cosería a sus   zapatos para siempre y que seguiría escribiendo todo lo que ya sabía antes de que existiera esta historia.

Contar esto a alguien era no contárselo a nadie. Quién iba a creer a una sombra sin rostro y sin peso, pero todo eso daba igual porque lo que era será.

Y mientras tanto, aquí sigo,contando cuentos, en mi azotea.

Entradas siguientes »


El Sello

el sello

Agotamiento neurótico con predisposición a molestar

La gente que se sube un rato

  • 31,564 buenas personas

Temitas digredidos

Días en los que aquí sigo...

Mayo 2008
L M M J V S D
« Abr    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  

Las escrituras de la azotea

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Placas-Homenaje en mi azotea

picotas lugarteniente azotea