Archive for the 'En la Azotea' Category

Una caja

Hace tiempo que no hago esto. Un tiempo largo. Quique González lo llamaría “disfrutar de la virginidad de una página en blanco”.
Me fui de la azotea sin decir adiós. Forcé la puerta de salida y bajé a ver si había algo que me hacía subir de nuevo, pero la verdad es que tenía pocas ganas de escribir, poco que contar y nada de talento. El talento dudo que algún día esté a la altura de lo que me gusta leer. Las ganas han vuelto y quizá tenga cosas que contar con el tiempo. La inspiración, y alguno por ahí se acordará de como necesito que esté embotellada, llegará pasito a pasito y sin desesperar.
No es la primera vez que hago esto de anunciar que vuelvo, pero me apetece porque me he subido una caja enorme que de momento sólo tiene un punto y dos entradas. La iré llenando.
Y mientras yo aquí vuelvo, pidiendo paciencia, a mi azotea.

Boston: Fin de un viaje infinito (G-R-A-C-I-A-S)

Desde que ayer salí por la puerta del palacete de Huntington no he podido evitar estar triste, pero tampoco dejar de sonreír. Hoy se acaban seis meses de mi vida que empecé pensando que iban a ser muy largos y hoy son cortos. Boston ha sido diferente a como lo imaginé, porque ya no es sólo el nombre de una ciudad americana, es la gente con la que he vivido esto.

Puedo contar mil cosas e incluso seguro que me acabo poniendo sentimental para cerrar la azotea de Boston. Me acuerdo de las anfitrionas de la primera fiesta, las que me metieron en el meollo. En los cuatro de la casa verde. Las primeras fiestas con los termómetros bajo cero y taxistas que escuchan a Julio Iglesias. Decidir que es mejor llamar a un autobús porque somos demasiados para taxis.

Darse cuenta de que esta ciudad cierra demasiado pronto y de que los puertas piensan que he falsificado mi pasaporte. Mientras, empiezo a caer en que he tenido mucha suerte porque esta gente es alucinante y desde el minuto uno como si fuera uno más. Memorizando nombres que ya no se olvidan. Descubriendo un mundo nuevo y después de la fiesta de finde, coincidir con la policía antes de llegar a casa. Ser padre y ser madre entre semana. Ser turista sábado y domingo y hacerme al ritmo de este país. Buscar clases de inglés y seguir conociendo poco a poco a gente buena de verdad.

Boston CityFlow

Nueva York se vuelve ultravioleta con Hellboy. El turismo es mucho y la fiesta cierra con el sol encima de algún rascacielos. Marta y Manél hacen más grande Manhattan y yo disfrutando como un enano.

En San Patricio, nosotros los de Boston cantamos el Sweet Caroline a muerte mientras unos se sujetan a otros para no llegar a casa a gatas. Hablar con casa y recibir jamón. Escribir postales, dibujar postales y recibir postales. Contar cuentos y pasar páginas de la Moleskine poco a poco. De repente Copa, Liga y Champions. De repente mu vuelvo a la Edad Media pero mi padrino es El Padrino.

Disfrutando como un enano cada vez que voy al zulo porque la extraña pareja es grande, grande, grande. Aunque Cervi descubriera que en realidad me invento los virus. Demasiadas agujetas de reírme en esa casa que se unen a las de jugar al fútbol gracias a Mario. Reír hasta llorar con Pablo en un ascensor porque una sueca y una alemana hablan en un dialecto sacado de la Tierra Media. Conocer a Uribo un día después de que te lo presenten porque no se ha dado cuenta, pero ya pasó porque ahora corre cuatro minutos al día. Es sin duda el hombre con más pachorra que he visto en mi vida. Las niñas siempre sonriendo y las tres cracks del gueto no es que jueguen en otra liga, es que practican otro deporte al del resto de los mortales.

Ciro y Cervi cuidándome como a un hermano pequeño, empezar pronto y acabar tarde. Salir en plan valiente y volver cobarde y usando el bloc de notas. Hacer caso omiso de las recomendaciones y dejarlo correr porque, total, me vuelvo ya y es ridículo. Que Ciro pregunte una cosa y contestarle a lo que me apetece. Fiesta de la playa, y volver a casa llenos de arena y con toallas que uno no sabe de dónde ha salido. Fiesta de los ochenta en los que celebrar mi cumpleaños. No saber si asustarse o flipar en casa de un libanés que no sabe la diferencia entre “tenemos alcohol” y “teníamos alcohol”. Fiesta y más fiesta con Pablo, Ciro, Cervi y Cris. Fiesta para Cervi y Cumpleaños para Ciro. Piscina y Barbacoa, copas a deshoras y no vayan a faltar cervezas en la nevera.

Empieza a volver a la gente después de sus vacaciones y ver que hay una niña con ojillos de enamorada. Otra quiere tenerlos y los tendrá. Y mientras Boston se va acabando descubrir que hay una peli en la que el chico bueno no se lleva a la chica. Pero ya estas alturas uno está demasiado triste como para ponerse triste por él.

Y todo esto también es gracias a Lucas Jr. y a Juan, a Isabel y sus postales, a Pilar y sus postales. A los dibujos de mis niños de Madrid y de mis niños de Boston. A pensar que ya queda nada para quedar en Bocata y cantar Groenlandia de camino a Alburquerque. Gracias a los mails de mi casa y descubrir con mis padres las maravillas de la mensajería instantánea.

Y por supuesto gracias a quien me ha cuidados seis meses, a quien construye en playas que empiezan en Cádiz y que acabarán en el extranjero, a quien hace listas para meterse conmigo y a quien no necesita que siga escribiendo este párrafo porque sabe todo lo que pondría.

Gracias de verdad a todos los que me habéis construido Boston: Pilar, Bárbara, Alfonso, Álvaro, Carlos, Toño, Pablo, Mario, Ignacio, Quique, Luis, Uribo, Teresa, Elena, Pilar, Myriam, Marta, Garza, Cris, Cervi y Ciro.

Y mientras tanto, de regreso a mi azotea, a mi casa, a Madrid.

boston pic

Mis papás

Da la casualidad que compartimos mamá y papá, pero es que además yo también he vivido muchas de las cosas que Pilar les agradece, y muchas otras que no cabrían aquí, así que tampoco voy a añadir nada. Sólo me uniré a su forma de dar las gracias a nuestros padres. Lo puedes leer AQUÍ.

pipas

Siempre presumiré de que mi infancia huele a cola de conejo y tabaco de pipa.

Y mientras tanto, yo aquí sigo siendo el octavo, en mi azotea.

Dos años

Dos años y aquí sigo. Hace poco una personita que piensa que es muy mayor me preguntó cómo empezó esto de la azotea y mi respuesta está aún por llegar. Desde luego no nació como lo que es ahora. La idea principal duró dos días, ha cambiado tanto como mi vida en todo este tiempo.

Al cumplir mi primer año mi idea era dejar el blog, abandonar. No es la idea de este año de momento. Ha sido un segundo año raro y en el que se ha escrito más bien poco desde la azotea. Pero es un año con algo que no se como explicarlo, con cambios y más cambios en mi vida y en mi cabeza que me está costando mucho contar, pero acabaré esto, espero.

Llevo todo el día mirando atrás y no, no soy de esas personas que en las películas dicen que no se arrepienten de nada de lo que han hecho en su vida. Yo si, de muchas cosas que pasaron en tres años de mi vida, y la verdad, nunca he pedido perdón a todas las personas a las que quiero he hice daño. Quizá este es un momento muy fácil porque tengo un oceano y pico  de distancia de sus caras, pero algún día lo tenía que hacer y hay quien sabe que digo mejor las cosas por escrito.

Este post lleva doce días de retraso y me puso en marcha el post de un fenómeno y amigo (Cumpleaños Feliz), pero no sabía sobre que escribir y en realidad tampoco lo se ahora, así que a ver que sale.

Pensando en que era de mí en abril de 2008, recuerdo que no fue el mejor mes, que experimente cosas que pensé que había dejado atras, pero no pude. Pronto llegó mayo y los últimos exámenes de la carrera. Fueron divertidos y tristes. Sabía que se acababa una etapa que disfruté menos de lo que pude haberlo hecho. Cuarto y quinto son para mí la universidad, la amistad, las peleas universitarias, las conversaciones de verdad, las discursiones, los amigos.

Recuerdo que cuando acabé el último examen me sentí como los guardas del parking del final de El Show de Truman, la frase era “y ahora que ponen”. Después vinieron historias de la universidad y muchas risas, pero había cierta intranquilidad porque perdiamos los horarios, la red de seguridad que te da el estar estudiando. Estabamos subiendo un escalón demasiado grande sin darnos cuenta entre sangría, cerveza y tortillas caseras en la cafetería de la uni.

De ahí a junio, que empezó con la celebración de mi cumpleaños, y qué celebración. Es enorme haber jugado con delfines a las cuatro de la mañana. Eso fue grande, muy grande. Junio y mayo también significaron estudio en la Biblioteca Nacional. Estudio y conversaciones con algo de raras y mucho de cariño, de saber que ese era mi sitio en ese momento aunque a la gente le extrañara.

En julio llegó Antena 3, y que decir de toda la gente a la que conocí allí. Fueron unas prácticas increibles. Me tocó el horario que nadie quería, pero la verdad que el mejor de todos. Toqué todos los palos y tuve la oportunidad de que me confiaran temas muy serios e incluso noticias de apertura, ¿Qué más se puede pedir? Pues unos compañeros de lujo, no sólo en la noche, también las jefas del madrugón y todo el equipo de tarde de Espejo Público. La verdad es que era un gustazo trabajar con ellos.

Al final de julio, Contempopranea 08 y este año volvemos. Aquí se contó (casi) todo. Más prácticas y mucho miedo a septiembre, el mismo que en agosto, y llega septiembre y esto se acaba.

Octubre, noviembre y diciembre se hacen difíciles sin trabajo, pero los amigos te lo hacen fácil. Llega enero, pero un poco antes Jaime deslumbrando y después anuncios de más chavalada para la vuelta, porque en enero cojo un avión y las placas de la azotea y me vengo a Boston.

Mientras escribía esto pensaba en mis amigos, aunque aquí es fácil por lo que se les echa de menos desde tan lejos. No sabría por donde empezar la verdad. De todos he aprendido muchas cosas. 

El otro día por ejemplo me vino a la cabeza el día en el que me di cuenta de que a Hugo lo tendría siempre a mi lado. Hubo una conversación en la que pareciamos adultos metidos en crios de sexto de primaria, y sabría hasta decir donde empezó esa conversación. Más tarde le alejé de mi vida mucho tiempo, pero ahora sigue estando ahí aunque yo no me lo merecía. Si alguien sabe lo que quiero a Hugo, sabe lo que quiero a todos mis amigos. Y no empezaré a escribir sus nombres porque sé que me dejaría a alguien.

Hay una amistad que empezó sin querer y siguió sin explicación ninguna hace muy poco pero que ha crecido a lo bestia. Si me preguntas otro día a lo mejor te la describo de otra manera, pero hoy es como el cuento de Rudyard Kipling que me encanta desde pequeño titulado Rikki-Tikki-Tavi. En este caso, yo soy Teddy, no la mangosta.

En este segundo round de azotea, he escrito más bien poco, aunque me atreví a participar en un concurso de relato corto por fin. Seleccionaban diez para la fase final, así que debí quedar duodécimo con Segundo ejemplar. Undécimo seguramente quedó el Señor Lobo y su relato.

No puedo ponerme a prometer cosas que no se si podre cumplir, como que voy a escribir más…blablableblebloblu, pero si, que de momento no dejo esto, porque me gusta estar aquí y me gusta que esteís ahí hasta cuando me pongo sentimental, porque aquí en en la azotea de Boston me doy cuenta de que tengo una suerte alucinante, porque hasta cuando estoy sólo y muy muy lejos tengo personas a las que quiero a mi lado, y me gusta tenerlas.

Y mientras tanto aquí sigo, después de dos años, en mi azotea.

Disfrutar

Me he visto en la obligación de enmarcar el último post de GON en la azotea. Demasiado grande, demasiado bonito y con demasiadas cosas para gente a la que quiero y para mi. Es para ellos por estar ahí.

Es para la niña que (cree que) ya es mayor. Para el actor que ha dejado los cuentos. Para quién cuida al capitán. Para quién inspiró el texto, que me abrió los ojos al periodismo. Para la otra costa americana. Para disfrutar

Gracias fenómeno, como siempre haciendo disfrutar. Sigue creyendo en Peter Pan.

coca-colaSi no has visto el ultimo anuncio de CocaCola te estas perdiendo algo grande.

Además puedes pasarte por la Web que han creado alrededor de este anuncio donde podrás encontrar cosas bastante chulas como el decálogo de la felicidad.

Josep dice que es un suertudo, da gracias por haber nacido, por haber conocido y despedido a algunos amigos y comenta que de lo único que nos vamos a acordar es de las cosas buenas. Le sugiere a Aitana que no se entretenga en tonterías y que vaya a buscar lo que le haga feliz, que el tiempo corre muy deprisa.

No hace falta que diga que me pasó cuando vi por primera vez el anuncio, si no lo sabes es que me conoces muy poco, aunque por lo que me estáis contando no he sido el único.

A mi me ha flipado, me ha parecido muy muy chulo. Una buena manera de abrirnos los ojos y dejar de una lado esas tonterias.

Al final, al final de todo sólo nos acordaremos de las cosas buenas. Como bien dice mi amigo Josep Mascaró la vida es demasiado corta y tenemos que aprovecharla. Esto es un viaje, muy corto y a veces doloroso pero es un viaje que tenemos que vivir, debemos vivirlo.

A veces en la vida pasan cosas muy jodidas, cosas que te destrozan el corazón y hasta el alma, cosas que dudo que puedas superarlas pero también pasan cosas maravillosas.

Estamos aquí para ser felices, para disfrutar de esos pequeños detalles que hacen que la vida sea una autentica pasada.

Hay algo mejor que tu nieta te diga “Siéntate aquí Abu” y quiera jugar contigo? Y la sensación de que alguien cruce todo el atlántico para pasar unos días juntos y casi os da un ataque al corazón y teneis que ir alSeatle Grace? Nada mejor que ver como tu hermano se ha convertido en un autentico crack que se ha hecho con la compañia. Y qué sientes cuando te están preparando un viaje con las personas que más quieres en el mundo? Y la sensación de dormir al lado de la persona que se va a convertir en tu espos@? O de que tu hijo se duerma en tu tripa?? O algo tan simple y grande a la vez como que un amigo te sorprenda y te diga que te adora? Y qué me dices de poder encontrar la mano de quien quieres entre las sabanas?

A veces te enfadas, a veces no quieres ni ser la Abu, ni Hellboy, ni contratar al chino con la carpeta y el clip. A veces y solo a veces dormirías en el sofá o ni dormirias. A veces y sólo aveces te enfadas porque el olmo no da peras.

Pero es ahí donde debemos escuchar a Josep, hacernos fuertes y crecer. Yo estoy creciendo. A mi me están enseñando cosas. Estoy aprendiendo mucho, últimamente me fijo y aprendo de mis mayores y de mis pequeños. Observo, apunto mentalmente y a veces incluso pregunto. Porque mi vida es la vida de los que me rodean. Ser felices se consigue rodeándote de gente que te haga feliz.

El otro día alguien me soltó medio en broma medio en serio qué nos aportábamos el un@ al otr@ porque a mi como se me “oye” más debe parecer que aporto más, como siempre no reaccione. Lo he meditado, a mi nadie me aporta menos de lo que yo doy. Si, soy muy pesado y a mi se me venir de lejos de todo lo que “grito” pero mi felicidad se basa exclusivamente en lo que me da la mi gente. Y de una manera u otra, con señales de humo o carteles de neón, me rodeo de gente que me hace feliz. En este caso particular, mucho. Aunque los vaqueros no nos digamos estas cosas.

Yo como Josep os digo que estamos aqui para ser felices, que lo seáis junto a mi y que lo intentéis ser siempre. Sobre todo que os acordéis de él en aquellos momentos malos que tiene la vida.

Me he vuelto a abrir demasiado, no? 😉 La vida es muy corta y no hay que perder la oportunidad de decir ciertas cosas.

Nota: Este post esta inspirado en el que ha escrito alguien a quien no he visto en mi vida, que no sé cómo se llama pero que parece que le he visto cientos de veces y me ha contado personalmente sus últimos meses de vida. Alguien que antes o después volverá a encontrar una sonrisa, una de verdad, que le complete el hueco que tiene ahora mismo en su vida. Alguien que volverá a ser feliz.

Y hoy no como siempre; volviendo a disfrutar, en mi azotea

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Si te acercas a la vida, ganas.

budweiser

Y mientras tanto aquí sigo, estando para siempre, en mi azotea

Novelas y cuentos

Y de repente, realidad.

Hay un momento en la vida que llega sin avisar. Pasas de vivir en un cuento a las novelas juveniles sin saber ni siquiera porqué. Este tipo de libros ya no tienen siempre las tapas duras y las ilustraciones no están pintadas con acuarela. Si llega a haber dibujos, son en grises, que no es lo mismo que en blanco y negro por cierto.

De repente la trama se complica, ya no pasea uno por un mundo de fantasía onírica. Ya no hay animales que hablan y sonrisas que lo dicen todo. Lo que hay es vida, aunque a veces no nos guste como es. Pero hay una cosa que no cambia y es que hay amigos de verdad, para siempre y que están presentes en cada página ya sea en el peor capítulo o en el mejor.

En las novelas juveniles el lector, como en los cuentos, también se mete desde el principio para vivirla, que no leerla. Hasta la portada, esa foto de dos hermanos abrazándose querrías que se hiciera real y casi lo hace aunque la historia se desarrolle a miles de kilómetros de donde estás leyendo.

Las novelas juveniles son una vida que podemos vivir con los personajes porque nos da la gana y porque a veces, quieres al protagonista como a tu mejor amigo, como a tu hermano.

Y mientras tanto, aquí estoy viviendo una vida, en mi azotea.


El Sello

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Agotamiento neurótico con predisposición a molestar

Gente que ha subido

  • 161,137 digresores

Placas-Homenaje en mi azotea

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Las escrituras de la azotea

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