Archivo para 29 enero 2009

Pingüinos

Acabo de flipar con ESTO.

penguins1Yo se lo dedico a una personita mayor que hace como que trabaja mientras pasa el jefe y su mujer, pero que a veces dice las cosas claras para alegría de su auditorio unipersonal.

Y ya que estoy, una canción grande con una letra grande para una amiga muy muy grande.

Y mientras tanto, yo aquí como siempre pero sonriendo, en mi azotea.

Desayuno sin diamantes

El año pasado, yo trabajaba en Salero, con Cristian, Puskas, Iñaqui y Car. Allí, además de becario, era el coordinador de redacción (que bien queda el título) de una revista que íbamos a crear para un cliente que se llamaba MADcity. No pongo el link de la revista en cuestión porque el cliente, que no se caracteriza por sus virtudes visto lo visto, se la llevó cuando ya tenía preparado el breafing, el diseño, el número 0 para los cliente y prácticamente el número 1. Pero bueno, me acabo de encontrar con este reportaje que salió en el primer número y que en realidad aunque no sea bueno ha sido mi primer reportaje de prensa escrito que me publican, y eran cuatro o seis páginas, que no estaba nada mal para empezar. Ahí lo dejo que diría Nico.

Conseguir que uno de los cientos de indigentes que viven en las calles de Madrid sonría es una de las muchas cosas que se pueden hacer en nuestra ciudad por los demás sin apenas esfuerzo. Dedicar un poco de tiempo a hacer algo que devuelva la alegría a la gente que lo necesita a nuestro lado es una de las propuestas de la ONG Cooperación Internacional con su campaña “Desayuno Solidario”.

Álvaro, Jorge, Javier, Alfredo y Pablo son cinco de los muchos jóvenes que han decidido madrugar esta mañana para dar a los indigentes del barrio de Salamanca un pequeño desayuno, un poco de conversación y una sonrisa. A eso de las nueve ya están en la sede de Cooperación Internacional para que les den unos termos de café preparado allí mismo y bolsas de bollos y les indiquen un itinerario para encontrar a esa gente que hace mucho que no recibe la sonrisa de un desconocido.

Desde la ONG se les dan unas pautas para que sepan que es lo que se van a encontrar en esta mañana solidaria. La gente con la que van a hablar, los “sin techo”, personas a las que el desempleo, la falta de medios económicos, los problemas de salud, la ruptura de vínculos  y apoyos familiares y sociales, el alcoholismo y muchas otras desagradables circunstancias van dibujando su perfil.

homeless

Todos los que lo salen hoy a la búsqueda de “sonrisas sin techo” han hecho esto más veces, saben todo lo que se pueden encontrar. Igual que hay gente a los que van a hacer feliz aunque sea por un día, pueden toparse con gente que no quiera nada, ni siquiera que se les mire, por eso los responsables de la campaña les recuerdan que les tienen que tratar con todo el respeto que puedan, su situación es dura y hay que intentar entenderles.

A los cinco chicos a los que acompañamos les ha tocado un itinerario que ya conocen porque no es la primera vez que hacen esta acción de voluntariado, se les nota sobre todo en la actitud y decisión que demuestran a la hora de ponerse a hablar con los indigentes. Da igual su imagen, da igual si tienen deformaciones físicas, allí van, directos a darles un rato de conversación, algo que esa pobre gente agradece muchísimo más que los pocos céntimos que pueden darles a lo largo del día. Para comprobarlo no hay más que mirarles a los ojos.

Fernando lleva casi cuatro años viviendo en las calles de Madrid, y desde hace año y medio le acompaña Blaky, un precioso perro cruce entre mastín y pastor alemán qué encontró recién nacido debajo del puente de Juan Bravo. Desde entonces son inseparables, tanto que dice que no va a dormir a los albergues municipales porque no dejan que su perro entre con él, “sólo nos separaremos cuando uno de los dos se muera”. En cuanto le ofrecen un café y unos bollos, a Fernando le cambia por completo la cara y se anima.

Nació en Portugal y ha vivido mucho tiempo en Alemania, pero para él “Madrid es el mejor sitio para vivir aunque sea en la calle”. Tiene tres hijas a las que no ve desde hace mucho tiempo, viven en Alemania con su madre y aunque las echa de menos, ahora para Fernando, su familia es Blaky, su único compañero en el último año y medio. Tras veinte minutos hablando con los cinco amigos que se han sentado a su lado,  promete que nunca se olvidará de ellos.

Esta actividad solidaria no tiene porque hacerse con una ONG, es más, los responsables de la campaña animan a que la gente la haga por su cuenta, y lo que ellos organizan sirve más a los participantes para saber que se pueden hacer cosas por los demás de manera sencilla, sólo hace falta una mañana con amigos, unos termos de café y unos cuantos bollos para hacer felices a unas pocas personas.

Las historias con las que uno se encuentra mientras sirve cafés sentado a las puertas de las mejores tiendas de Serrano, Goya o en la misma Castellana, son increíbles. Vidas rotas por una pérdida, razones que se nos escapan para dormir en la calle y a veces incluso lágrimas en los ojos de quienes no tienen más que el cartel con el que piden limosna y una manta roída por el paso del tiempo. Alfredo por ejemplo vive, durante los días que hace mucho frío, en el paso subterráneo de Colón.

No quiere que le hagan fotos, le da “mal rollo salir en una revista”, pero si que agradece mucho que cinco chavales casi de su edad se sienten con él en el suelo y le animen la mañana. Cuenta que no le gustan los albergues porque “te despiertan muy pronto, como a las siete y media, y a las ocho o así te tienes que ir y ¿qué haces a esas horas?” Por eso, prefiere la calle aunque pase frío para dormir por las noches. Además, hace poco tuvo la suerte de encontrarse con un amigo en la Plaza de España que le llevó a su casa un rato y le dio un saco de dormir, “Con esto me vale, así ya estoy calentito”, dice Alfredo tumbado sobre unos cartones con sus zapatillas como almohada.

Durante toda la mañana solidaria una de las cosas que más sorprende es mirar como se para la gente entre compra y compra para mirar con una media sonrisa como cinco chavales están sentados en la calle junto a un indigente hablando y compartiendo un desayuno. Alberto Muñoz, director de comunicación de Cooperación Internacional que nos acompaña durante nuestro recorrido, habla de esta situación como de una labor indirecta que se hace con esta campaña, porque la gente que antes ni siquiera se fijaba en los pobres que piden a sus pies, ahora se puede concienciar un poco y ver que hay gente que se preocupa por los demás con un pequeño gesto.

En Serrano con Ayala, el corro de gente es de más de diez personas, la estampa que miran es chocante en la zona en la que están. Cinco chicos alrededor de una señora que sujeta el café que le acaban de dar, llorando mientras les cuenta su historia. Ya no le queda nada, ser gitana y viuda es perderlo todo, además es asmática y diabética, lo que no le facilita nada las cosas.

Tras unos quince cafés en las calles de Madrid, la última parada del recorrido es con un señora que pide tiritando en la Plaza de Felipe II, con unas pocas palabras llega directa al corazón de los chavales que le ofrecen el desayuno. Cuando ya se estaban yendo ven que no se toma el café, que lo agarra con fuerza para calentarse las manos, así que le ofrecen otro para que después, a lo que ella, casi en un susurro, les sonríe y les dice “con uno me vale, de verdad, que seguro que hay más gente por ahí que también lo necesita”. Ver esto, no tiene precio, presenciar como alguien que no tiene absolutamente nada es capaz de sacar toda su generosidad. Esta señora, sin pretenderlo ha dado una de las lecciones de humildad más grande con la que se han cruzado en toda su vida los cinco amigos que hoy han decidido hacer algo por los demás.

Viendo esta campaña me acuerdo de cómo Audrey Hepburn llega en Taxi a primera hora de la mañana a Tiffany’s y mientras observa las joyas del escaparate se come un bollo y se toma un café con la música de fondo de Henry Mancini en Desayuno con diamantes. Una escena mítica en la historia del cine que se repite ahora en pleno barrio de Salamanca gracias al proyecto de Cooperación internacional y al espíritu solidario de gente como Álvaro, Jorge, Javier, Alfredo y Pablo.

Imanes de nevera

Mi madre había preparado croquetas esa noche. Toda la tarde amasando para que en menos de diez minutos mi hermano y yo acabáramos con ellas. La leche y el pan integral comprado por error ayudaban a engullirlas con más rapidez. Como siempre me sentaba de frente a la ventana. Como siempre se me cayó la leche en el pantalon. Y como siempre también no me había puesto servilleta.

La rutina de maldecir, la rutina de que se rieran los demás y la rutina de limpiarme. Miré al jardín al terminar, no al mio, que estaba al otro lado de la casa. Al del vecino, con su columpio y su barbacoa casi enterrada por la nieve.

Hacía una semana que no nevaba, pero todo seguía tan blanco como  la mañana del miercoles, cuando empezó. El canal que veían los vecinos en la tele iluminaba en azules la valla, la barbacoa, el columpio y la nieve. Debía ser una serie de policías, quizá “400 perros en la puerta de la comisaría”.

Volví a mi sitio, acabé con la leche, las croquetas y me tomé unas uvas transgénicas y una pera que no sabía a nada. Recogimos y fuimos a ver terminar el fútbol. Ganamos.

Fui al cuarto, comprobé el correo, miré quién estaba conectado y puse el último diso de Q.G. Mientras cabeceaba al ritmo de la música me puse el pijama, abrí la cama y encesté los calcetines en la bolsa de la ropa sucia.

Cuando hube apagado el ordenador, pasé de largo del baño. Hoy no me apetecía lavarme los dientes. Llegue a la cocina y saqué de la nevera mi botella de agua, mientras bebía puse rectos los imanes traidos de alguno de los viajes de papá y mamá; manías que cualquiera puede tener a los veinte años.

La ventana seguía abierta, mientras la cerraba volvi a mirar al jardín del vecino. Ya no eran azules las luces. Seguramente estaban en la publicidad. Al lado del columpio la sombra de alguien. Alto y delgado. Fumaba un cigarro y miraba las ramas de las que colgaba el columpio. Tras cada calada miraba hacia arriba y echaba el humo despacio, como si no quisiera terminar nunca. Acabo, lo apagó en la nieve y guardó la colilla en el bolsilo de la sudadera.

Miró hacia mi sin verme, respiró hondo y saco una pistola y lo que parecía un silenciador. Fue hacia la ventana de la que venía la luz.

A la mañana siguiente no pudimos ir al colegio. La policía había acordonado la zona, las ambulancias se llevaban los seis cadáveres y todos los vecinos eran interrogados.

No dije nada, no podía delatar a mi hermano pequeño.

De azotea en azotea y escribo porque me toca

Y si, ya estoy en Boston. Llegue el domingo y no me despedí ni de la mitad de la gente de la que me tenía que despedir. Eso si, no faltaron quienes no podían faltar. Y qe no se lo tomen a mal el resto por favor.

Ahora que ya he cambiado portatil por laptop al pasar la frontera, estar de coñas con los polis de aduanas después de que me llevaran a sala aparte y descubrir que mucha primera potencia mundial y mucho Obama pero que no usan papel higiénico de doble capa, he llegado a una conclusión:

la nueva azotea de Boston, todavía sin mes en la que trabajar, tiene que ponerse las pilas, hacer otra cabecera y empezr a contar cosicas majas, que nunca está de más y si no acabo cerrando por derribo. Pero no, era sólo una mini crisis, como las que tan de moda están ahora.

En el próximo cuento y descuento, que hay mucho. Sólo un último apunte: La última cerveza siempre tiene doble filo, el dulce y el amargo.

Y mientras tanto colocando las placas en mi nueva azotea

No Ferdy – No Party

Llego a casa dispuesto a empezar un post de despedida, o por lo menos que contara algo de lo que va a ser mi nueva azotea en los estates, y de repente, “zas, en toda la boca”. Me quedo sin palabras cuando leo cosas como ESTA. Cuanto le estoy echando de menos ya.

zipi y zape

Mañana será otro día y pasado quiza haga el post.

Y mientras tanto, de mudanza y maletas en la azotea

Un grande

Ya era un grande el día que m hablaron por primera vez de él. Creció la fama al conocerle por primera vez y después de currar a su lado estas navidades uno se da cuenta de que las leyendas contadas por juglares y trovadores eran ciertas.

Capaz de convencer a alguien de que para pasarse un juego de la wii tiene que hacerlo cantando. Con sus gafas plegables, su coche y sus foros, Joaquín es de los tíos que acabará con estatua en Cubas, y además me ha ganado con lo que ha escrito de Sofía, y no hay más que decir. En la foto y a tu derecha, el enlace a su local.

cabecera monchitoY mientras tanto, aquí sigo, añadiendo enlaces, en mi azotea

Suitcase

Llenar una maleta para seis meses comienza a ser harto complicado cuando ni siquiera tienes maleta que llenar.

Samsonite

suitcase

Y mientras tanto yo aquí sigo con la espalda como un cromo, en mi azotea


El Sello

el sello

Agotamiento neurótico con predisposición a molestar

Gente que ha subido

  • 161,230 digresores

Placas-Homenaje en mi azotea

picotas

mosby

lugarteniente mejorando lo presente

lacasitos

Días en los que aquí sigo…

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